Historia

El Colegio Del Centro una institución católica que se encuentra en la La Muy noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, la ciudad con rostro de cantera y corazón de plata.

El nombre de Zacatecas proviene del náhuatl y significa “lugar donde abunda el zacate”.

El territorio del Estado estuvo habitado por grupos étnicos, como los caxcanes y zacatecos; así también, entre los siglos IV y X d.C., se desarrollan las culturas de “Altavista”, en Chalchihuites y “La Quemada”, en Villanueva, con inconfundibles características mesoamericanas. Con el descubrimiento de los ricos yacimientos minerales en el suelo zacatecano, se inicia la fundación de la actual ciudad de Zacatecas.

Durante el periodo virreinal, se fundaron nuevos poblados, denominados Villas y Reales de Minas; así mismo, con la consecuente colonización y la explotación de las minas, se levantaron suntuosos edificios religiosos y elegantes mansiones que distinguieron con su imagen la importancia y abolengo de los habitantes de estas ciudades que, como Zacatecas, llegaron a figurar entre las más importantes de la entonces denominada Nueva España.

Los orígenes de la colonial ciudad se remontan a un 8 de septiembre de 1546, cuando un reducido grupo de españoles, encabezados por Juan de Tolosa, descubren en las cercanías ricos yacimientos minerales. La naciente población, en un principio fue conocida como “Las minas de los Zacatecas” y, gracias a la riqueza producida en tan pocos años, en 1585 le fueron concedidos por cédula real los títulos de Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas y en 1588 su Escudo de Armas.

En 1993, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO declaró su centro histórico “Patrimonio Cultural de la Humanidad”, siendo la primera ciudad mexicana distinguida con este nombramiento, sin contar antes con la declaratoria nacional. Lo anterior, debido a que Zacatecas es una de las ciudades históricas mexicanas mejor preservadas y poseedora además de una de las más bellas muestras del exuberante barroco novohispano, como lo es su Catedral, en cuyo entorno se desplegó la actual ciudad, con sus importantes y suntuosos edificios, construidos y habitados por los nobles aristócratas de la plata, los predicadores religiosos y los recios mineros, que lograron formar una atmósfera -aún latente- que se resiste a ser vencida, en la que se sigue reflejando la inconfundible amabilidad, sinceridad y calidez de los zacatecanos.